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  • Francesco Caracciolo ha ricevuto il Premio alla cultura nel 1985 e nel 1994, conferito dalla Presidenza del Consiglio dei Ministri

  • Ha ottenuto finanziamenti per la ricerca scientifica dal Ministero della Pubblica Istruzione e contributi dal Consiglio Nazionale delle Ricerche

  • È stato Forschungsstipendiat dell'Alexander von Humboldt Stiftung

  • América y Europa mañana cómo Italia hoy

    by Francesco Caracciolo

     

    Lo que sucedió ayer en la península italiana sucede hoy y sucederá mañana en algunos países occidentales.
    En la antigüedad, la sociedad romana híbrida y decadente generó la sociedad italiana tolerante, caótica y conflictiva. Desde el siglo II a.C. Roma y la península italiana acogieron a millones de individuos de lugares muy diferentes del mundo entonces conocido. Los acogieron para ser servidos y cargarlos con la fatiga del trabajo que ya no soportan los autoctonos. El capital los deportó a Roma y a la Península de sus tierras para atiborrarse  proporcionando armas a los  latifundios y sirvientes y comodidades  a los Trimalchioni, a los antiguos y nuevos patricios. Fue entonces no sólo la formación de los latifundios lo que arruinó Italia, sino también y sobre todo la afluencia excesiva, la marea heterogénea de individuos extranjeros destinados a cultivar y servir. No sólo los "latifundia  perdidere Italiam", como señaló Plinio el Viejo, sino sobre todo aquellos millones de recién llegados, de los cuales necesitaban los latifundios y las costumbres decaidos de los anfitriones. Muchos millones de individuos, muchos de ellos de mala gana, llegaron a Italia como siervos. Muchos de ellos se aclimataron, se emanciparon con el tiempo, aprendieron el idioma latino y observaron las leyes, progresaron, diventaron libertos y libres. Muchos se hicieron ricos, jugaron papeles en todos los niveles, incluso miembros muy importantes del gobierno. Pero ellos, cuyo número en esos siglos creció en la sociedad, eran y permanecìeron individuos extraños incluso entre ellos. No hubieron y nunca adquirieron un sentimiento común. Nunca se entendieron completamente incluso entre ellos y nunca compartieron un sentimiento común de dedicación a la sociedad en la que vivían, a las instituciones y al estado. Muchos de ellos eran ciudadanos romanos e itálicos ejemplares, obedecían a la autoridad y observaban leyes y reglas impulsados por la conveniencia. Por lo general, permanecieron extraños incluso entre ellos y transmitieron a las generaciones siguientes su distanciamiento, la falta de cohesión, la conflictualidad prevaleciente, la protección y defensa de particular interés.

    En los siglos siguientes de la Edad Media y de la Edad Moderna, la península fue presa de invasores homogéneos, de ejércitos, de hordas, de pueblos. Pero fue en la antigüedad que la disposición y la conducta de tantos seres heterogéneos dieron lugar al carácter y a las relaciones sociales de los italianos.

    La defensa patológica de lo propio particular, la indiferencia y la falta de apego a las necesidades comunes y generales, desde la antigüedad se transmitieron a lo largo de los siglos. Francesco Guicciardini vio el "particulare" prevaleciente en Italia en el siglo XVI. La extrañeza sustancial, el afecto morboso por lo propio particular y la consiguiente conflictualidad se pueden ver en el siglo XXI en Italia y en el carácter y en el comportamiento de los italianos. Y también se puede ver que extrañeza y conflictualidad no tienen nada que ver con el valor de los individuos, cuya capacidad personal de trabajo, el compromiso y la genialidad son innegables. Debido a su carácter, los italianos son capaces de realizar trabajos individuales proficuos que requieren sacrificios y renuncias, pero están apáticos y distraídos, impulsados más bien por la necesidad o el cálculo y no por la participación espontánea y alegre, cuando realizan obras colectivas.

    En Occidente y en América, la sociedad tuvo un brote completamente diferente por la italiana. En las provincias europeas del decadente Imperio Romano se congregaron pueblos enteros, con sus usos y costumbres, y no miríadas de individuos individuales ajenos entre sí. Por lo tanto, en la Edad Media y en los siglos siguientes, la sociedad de aquellos provinciales era homogénea, era el resultado de la evolución de comunidades y de pueblos compactos. Las adversidades y los obstáculos que esos provinciales tuvieron que superar no afectaron su compacidad y cohesión. Su conducta fue muy influenciada por la religión reformada por Lutero, Calvino y Zuinglio, observada por numerosas sectas y pueblos enteros. Con el recurso a la lectura directa de la Biblia, en gran parte de Occidente adquirieron valor la responsabilidad de los individuos, el sentido de su debilidad personal y la necesidad de instruirse y orar directamente a Dios. La sociedad occidental era cohesiva y la capacidad de sus miembros de actuar, de trabajar, de cantar en coro se mantuvo casi sin cambios hasta que algunas novedades la alteraron. Y esto sucedió cuando en los países europeos y americanos surgió la necesidad de apoyar el crecimiento económico a toda costa y mediante la importación de inmigrantes. Sucedió cuando la colonización de otros pueblos y la revolución industrial hicieron indispensable el crecimiento económico ilimitado. Para apoyarlo, los occidentales se proyectaron fuera de sus países, colonizaron otros, de los cuales sacaron materia prima necesaria para apoyar el crecimiento económico, pero a cambio importaron millones de individuos de origen heterogéneo a Occidente. Su afluencia creció de la mano con el crecimiento económico, con el crecimiento de los efectos negativos que esto producía, como vicios, consumo excesivo, incapacidad de soportar la fatiga, de realizar un trabajo normal, y por lo tanto con la necesidad de integrar a la población activa.

    En Occidente, en los estados europeos y americanos, el mismo curso que los antiguos romanos y itálicos siguieron hace milenios se siguió en los tiempos modernos y continúa siguiendo en el año dos mil . El capital, hoy como entonces, aniquila lo existente, abruma valores y tradiciones, corrompe los costumbres, introduce el trastorno en las relaciones humanas y sociales. Y hace todo esto sobre todo para impingar y aumentar si mismo.

    Estos efectos letales del capital no se detectan fácilmente. La riqueza y la potencia de los países individuales continúan creciendo o siguen siendo altos. En ellos, la economía progresa, la sociedad palpita con vida, los ciudadanos continúan operando y progresando, demostrando sus habilidades. Pero en el seno de la sociedad próspera, una carcoma roe todo el sistema. En ella la contaminación social, la indiferencia hacia las instituciones, el alejamiento de muchos progresan. Poco a poco, los muchos recién llegados desmoronan la compacidad y la cohesión que estaban en el origen de la fuerza y del progreso del núcleo originario. Y sería útil saber cuánto de la ilegalidad, del crimen, del caos, de la conflictualidad, de la indiferencia hacia las instituciones hasta el punto de la hostilidad, debe atribuirse a la inmigración fluyda a lo largo del tiempo. Por lo tanto, se pudria comprobar que l’Occidente, desde los estados europeos hasta los Estados Unidos y otros estados americanos, ha seguido y continúa siguiendo el mismo camino seguido por l’Italia en siglos.

     

    Francesco Caracciolo

    For comprehensive information on the subject, the following is suggested:

    - Francesco Caracciolo, L'integrazione dell'«arcipelago migratorio» in Occidente, pp. 168;

    - Francesco Caracciolo, Come muore una civiltà e come sta morendo la nostra, pp. 408;

    - Francesco Caracciolo, Mali estremi, pp. 176;

    - Francesco Caracciolo, La folle corsa, pp. 304.

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